Cualquier
persona, que se pare a pensar un poco sobre lo que oye en las
tertulias televisivas referentes a recordar la Guerra Civil Española,
se dará cuenta que en éllas se critica el que siempre se esté
recordando un hecho que, por su propia naturaleza, fué una tragedia
para el pueblo español en su conjunto.
Al historiador
Pío Moa se le tacha de estar recordando y escribiendo continuamente
una historiografía transnochada y olvidada en el tiempo; “no tiene
otro tema de conversación” suelen endosarle quienes preferirían
que se mantuviese en silencio. Pero el contrasentido de lo que dicen
lo hallamos en el “gran tema” descubierto por toda esa gentuza
sobre ese histórico pasado al que por medio de una ley lo han
encumbrado hasta darle visos de materia educativa en los centros de
enseñanza; me refiero a la “Ley de Memoria Histórica” y su hija
putativa “Educación para la Ciudadania”.
A la sombra de
dicha Ley, se han abierto los grifos de las subvenciones para
promover la búsqueda de cadáveres ejecutados por el llamado
Ejército Nacional y enterrados en fosas olvidadas. Por el contrario,
la búsqueda de cadáveres asesinados por el Ejército Popular
permanece en el más estricto olvido; no interesa que la juventud se
entere del bárbaro y brutal martirio que tuvieron los asesinados
antes de su paso a la vida eterna.
Como la mentira y
la falsedad tienen las patas muy cortas, es la Historia la que cuenta
con muchísimo detalle las barbaridades cometidas por el Ejército
Popular(ROJO) en personas, archivos y edificios religiosos. Desde
febrero hasta julio de 1936 (4 meses), fueron incendiadas 400
iglesias en España, sin defensa alguna por parte del Gobierno
republicano, y desde el alzamiento hasta 1937 fueron ejecutados 14
obispos, 7.000 sacerdotes y religiosos y se calcula que cerca de
20.000 laicos fieles, tan sólo por el hecho de serlo.
No eran fábricas
de municiones, ni cuarteles; eran templos religiosos católicos, Y
los asesinados no eran combatientes; eran obispos, curas y seglares
católicos. Así actuaron las hordas marxistas en zona militar roja
republicana. También tales hordas fueron las que profanaron templos,
asesinaron a religiosos, cometieron atrocidades y vilezas sobre
cadáveres humanos en Asturias 1931. Los
incendios de los templos sevillanos de San José y San Julián, en
1931 y 1932, iniciaron la persecución religiosa en España.
En ambos casos asombraron los comportamientos vandálicos de la
muchedumbre, llevados por una crueldad ilimitada y atizada por
elementos revolucionarios de las milicias y anarquistas y sindicatos
de izquierdas en la por ellos llamada ‘Sevilla la roja’. Todo,
frente la pasividad de las autoridades civiles “democráticas
republicanas”
La Iglesia
parroquial de San Julián. En 1932 un templo mudéjar de los años
1300 incendiado por dos conocidos homosexuales, o sea, maricones:
Rafael García AGUILAR (a) ‘La Pinocha’, que también era
conocido como ‘Custodia Romero’, y Antonio Lagares VINOT (a) ‘La
Bizca’, ambos de Sevilla. El incendio se produjo en la madrugada
del 8 de abril de 1932. Todo su interior y techumbre quedaron
destruídos, más el tesoro de la Hermandad de la Hiniesta. Entre las
numerosas obras de arte desaparecidas figuran una imagen de la
Hiniesta, Patrona del Ayuntamiento, del siglo XIV; una pintura mural
de San Cristóbal, del siglo XV, original de Juan Sánchez castro;
ocho pinturas en tablas de hacia 1500; otra imagen de la Hiniesta
atribuida a Juan Martínez Montañés; una Virgen Dolorosa, de Alonso
Cano; el retablo mayor, realizado en el siglo XVII por el arquitecto
Felipe de Ribas; otros varios retablos de los siglos XVII y XVIII,
más pinturas, esculturas, mobiliario, ornamentos y una excepcional
colección de objetos de orfebrería sevillana. La noche del 8 de
abril de 1932, ardió la iglesia parroquial de San Julián y se
perdieron todo el patrimonio de la Hermandad de la Hiniesta y las
obras de arte religioso custodiadas en su interior. Además de las
imágenes procesionales de la Cofradía de la Hiniesta, ardió
totalmente una talla de esta misma advocación datada en el siglo XIV
y considerada una de las más antiguas de Sevilla.
Cuando los
bomberos llegaron al lugar y buscaron bocas de agua, se las
encontraron rellenas de piedras. Además, fueron recibidos con gritos
de rechazo. La plebe quería fuego. Todos los periódicos locales
recogieron la noticia con alardes tipográficos. Era el primer templo
que ardía en Sevilla capital después de mayo de 1931. en los
siguientes meses de 1932 ardieron once en la provincia; (la cantidad
de obras de arte robadas, incendiadas, destruidas, profanadas, es
incalculable y desaparecieron para siempre del Patrimonio artístico
de la Humanidad).
Estos datos no
figuran en los libros de texto pero son verdades que nunca podrán
refutar ni esconder los que ahora se rasgan las vestiduras rebuscando
entre los cadáveres de sus allegados, sin pensar que existen otras
gentes a las que también les gustaría saber donde han ido a parar
sus deudos, muchos de los cuales nunca podrán recuperarse por ser el
océano su cementerio, al haber sido arrojados desde los acantilados
costeros por católicos y cristianos.
Y como lo que
interesa es saber exactamente nuestra reciente Historia, voy a
terminar mi comentario de hoy con unas verdades contrastadas por mí
al haberlas vivido, y que nos relata el escritor e historiador Pío
Móa: Entre paréntisis mi opinión
El
régimen franquista fue una dictadura autoritaria, incomparablemente
mejor, con todos sus defectos, que las totalitarias a que han
aspirado o con las que han simpatizado las izquierdas españolas.
Haciendo el balance global, debe reconocerse que el franquismo
derrotó a la revolución, libró a España de la guerra mundial,
derrotó el intento posterior de resucitar la guerra civil (el
maquis), fue apaciguando los viejos odios y dejó un país próspero.
Con ello creó las bases de una democracia muchísimo más estable y
real que la república.(Esto es muy
cierto, ya que en 1975 los españoles habían olvidado el pasado y se
preparaban para el futuro, pero los traidores a España, prefirieron
engrosar sus cuentas bancarias, olvidando promesas y juramentos y,
apoyándose unos a otros, dedicáronse a resucitar viejos odios, en
un intento por cambiar el fracaso republicano, cuyo resultado nos ha
llevado a través de tres décadas de falsedades, a la situación
actual).
Ni
el franquismo ni su oposición, mayoritariamente comunista y
terrorista, eran democráticos. Sin embargo la transición fue
posible gracias a la evolución, dentro de la dictadura,
de un creciente sector reformista y liberalizante. La transición
recibió el ataque de una oposición que se identificaba con al
Frente Popular y se empeñada en la ruptura. Pero la oposición
rupturista fracasó y hubo de aceptar finalmente la transición.
Los mayores
peligros para la democracia, desde la transición, han sido el
terrorismo, diversos grados de complicidad con él en varios
partidos, el terrorismo desde el gobierno, las oleadas de corrupción
y el sostenido socavamiento de la independencia judicial y de la
propia Constitución. Todas estas amenazas proceden fundamentalmente
de aquellos partidos que se sienten herederos del Frente Popular y de
los enemigos del régimen liberal de la Restauración; su
falsificación de la historia también ataca la democracia, al tratar
de recuperar los odios del pasado. Son esos partidos los que hoy
están provocando una grave crisis de la convivencia en paz y en
libertad conseguida después del franquismo.