Son tenaces, cabezones,
incansables: Son, simplemente, robots adoctrinados.
Con una historia
despreciable, aborrecible y totalitaria colgada a sus espaldas,
historia de la que debieran sentirse avergonzados, fingen un ataque
de amnesia colectiva que los empuja a sentirse con derecho a dar
lecciones de conducta y comportamiento democrático.
Tenemos entre nosotros a
dos personajes, representantes de pensamientos similares pero con
diferentes siglas. El Sr. Pérez Rubalcaba y el Sr. Cayo Lara.
El primero, heredero
directo del golpista y antidemocrático Largo Caballero, culpable de
la Revolución de Asturias en 1934 con un saldo de 1.335 muertos,
2.921 heridos, 750 edificios destruidos o seriamente dañados y el
censo de las cárceles se engrosándose en 30.000 reclusos.. El
segundo, heredero directo del siniestro Santiago Carrillo,
responsable del crimen de Genocidio y Lesa Humanidad de Paracuellos
del Jarama, habían sido asesinadas entre 10.000 y 12.000 personas en
cuestión de días.
Largo Caballero
(socialista) y Santiago Carrillo (comunista) tuvieron cargos de
responsabilidad en los años de la II República; 1931 y siguientes.
Tanto el uno como el otro, deseaban para España un sistema
socialistado exacto al de la Rusia de Satalin. Carteles como ¡ viva
Rusia ! o ¡ viva Stalin ! adornaban las calles de las capitales
españolas mientras se quemaban iglesias.
¿Saben ustedes que
ocurría en los paises ocupados por el comunismo bajo la bota de
Stalin en los años que España, mal aconsejada y peor gobernada,
deseaba el paraiso comunista ruso? pues exactamente lo siguiente:
Ya dueño absoluto del
poder en la URSS, en 1928, Stalin aplica su plan quinquenal destinado
a convertir el país en un "paraíso terrenal". En 1930, se
ordena a Ucrania que la colectivización de la tierra deba ser
completada, a más tardar, en dos años. Las tierras de los kulaks y
todas sus pertenencias son confiscadas por el Estado. Miembros de
choque del partido comunista son traídos de las ciudades para
"ayudar" en la colectivización. El
que se opone es denunciado y deportado. Los impuestos,
pagaderos en granos, se aumentan exageradamente, obligando así a los
campesinos a incorporarse a las granjas colectivas, donde estos
impuestos son tres veces menores.
El
aniquilamiento físico masivo de los agricultores ucranios,
por medio del hambre artificial, fue un consciente acto terrorista de
un sistema político contra gente pacífica, a consecuencia del cual,
desapareció no sólo una numerosa capa de prósperos y libres
campesinos-empresarios, sino también varias generaciones de la
población rural. Fueron socavadas las bases sociales de la nación,
sus tradiciones, su cultura espiritual y autóctona. Stalin
mató de hambre a siete millones de ucranianos. Durante
los años 1932/33 murieron, por esta causa, de 7 a 10 millones de
personas. El número exacto de víctimas aún no ha podido ser
determinado por historiadores y demógrafos, ni tampoco sus tremendas
consecuencias sobre las posteriores generaciones. Para ponerle rostro
humano a la tragedia baste señalar que, a finales del verano de 1933
y sólo en la región de Kiev, se registraron en torno a 300.000
niños huérfanos sin hogar; un mes más tarde dos tercios de estas
criaturas (200.000) ya se dieron por muertas.
La muerte por inanición
es una de las más espantosas que se puedan afrontar. Representa, a
la vez, la prueba más palpable del carácter
criminal del comunismo. Porque la orden de someter a la
población civil ucraniana a una hambruna “artificial” partió de
las tripas -malditas y bien repletas- del Kremlin. No es propaganda,
sino una terrible verdad sacada a la luz por los historiadores y
reconocida como tal por todos los países civilizados y las Naciones
Unidas.
Esto es lo que le
esperaba a España si se convertía al ideal de Carrillo y Largo
Caballero. Como en 1936 se les acabó la cuerda, ahora en el 2013,
sus herederos esperan continuar la idea base de sus antepasados
políticos convirtiendo nuestra Patria en un Estado Federal, con lo
cual, España habrá dejado de existir como unidad y como nación.

